Hay algo vulnerable en una hoja de papel en blanco. No pregunta quién eres, de dónde vienes ni si realmente perteneces aquí. Simplemente espera. Del 12 al 19 de abril en Oldenburg, esta hoja se convirtió en la metáfora central de toda una semana y, para cinco participantes del equipo español, se transformó en algo mucho más personal que un simple material de taller.
El intercambio juvenil internacional “Me and My Papers”, organizado por Jugendkulturarbeit e.V. en el marco del programa Erasmus+, reunió a 35 jóvenes de Alemania, Italia, Bulgaria, Georgia, Ucrania, España y Lituania. El título del proyecto tenía un doble significado desde el inicio: “papers” se refería tanto a los documentos oficiales que nos definen desde fuera como a las características invisibles que nos configuran desde dentro. Esta distinción se convirtió en la columna vertebral de toda la semana, donde el teatro, el collage, el juego con marionetas y las artes performativas no eran un adorno, sino un método de trabajo, una forma de llegar a aquello a lo que la conversación directa a veces no alcanza.
Los días se movían entre la reflexión y la creación. Los participantes exploraban temas como la positividad corporal, los lenguajes del amor y la identidad, pero siempre a través de la acción y no de la discusión por sí misma. La semana terminó con una actuación final colectiva, no como un espectáculo pulido, sino como un intento real de hacer visible aquello que cada persona había estado procesando en silencio.
Xiomara regresó con una palabra que no esperaba asociar con un intercambio juvenil: sanación.
“Mi perfeccionismo a menudo me bloquea o me hace huir de ciertas situaciones porque tengo miedo de fracasar o de sentirme poco capaz. Pero aquí nunca me sentí juzgada. Al contrario, tanto los facilitadores como mis compañeros me animaron a equivocarme y a disfrutar del proceso de aprendizaje. Me voy con recuerdos inolvidables y muchas lecciones sobre la importancia de conectar y expresarme sin miedo.”
Habló de cómo la diversidad de formas artísticas dibujo, collage, teatro, música ofrecía diferentes puntos de entrada a un mismo territorio complejo de autoexpresión e identidad. Lo importante es que ninguna de estas formas requería experiencia previa o habilidades específicas. Solo hacía falta la disposición a intentarlo y esa condición igualaba a todas las personas en la sala. El efecto se construía poco a poco hasta que, en el momento de la actuación final, el vínculo entre los participantes ya se había formado capa a capa a través del riesgo creativo compartido, de los errores visibles y de la confianza que crece precisamente en estas condiciones.
Raquel describió su experiencia con una sinceridad que solo aparece cuando una persona realmente ha vivido algo, y no simplemente ha participado en un programa.
“Me voy de aquí con mil emociones cuya existencia ni siquiera conocía dentro de mí. Sin exagerar, esta ha sido la mejor semana de mi vida, en la que aprendí cosas invaluables y conocí a personas que se convirtieron en una luz inesperada. Quiero creer que la amistad y el amor que nacieron aquí seguirán existiendo y que ninguna frontera podrá impedirlo. Esto es solo el comienzo de una gran historia.”
Manar llegó con la sensación de conocerse bastante bien. La semana cuestionó eso de manera delicada. En su reflexión escribió que el proyecto invitaba a comenzar desde dentro, a replantear el propio valor, a ver el amor desde otra perspectiva y a reconocerse en personas de contextos completamente distintos.
“Venimos de países diferentes, pero con emociones y experiencias que nos conectaban. El teatro se convirtió en una herramienta de expresión inesperadamente poderosa incluso a través de la pantomima, entre personas sin un idioma común, algo preciso y profundamente humano lograba transmitirse.”
Como líder de grupo, Manar observó al equipo español desde una posición particular, viendo cómo el grupo iba encontrando poco a poco su lugar dentro del conjunto internacional. Se fue con la sensación de haber construido algo real, relaciones que apetece continuar.
Claudia lo expresó con una brevedad que a veces pesa más que un texto largo: “Una semana de la que me llevo no solo momentos bonitos, sino personas increíbles.”
Laura decidió compartir su experiencia directamente en Instagram, como recordatorio de que la reflexión, igual que la expresión, toma la forma que mejor encaja con cada persona.
Oldenburg rara vez aparece en el mapa mental de ciudades asociadas a intercambios juveniles. Pero el proyecto no necesitaba un escenario espectacular. Necesitaba una sala, un grupo de personas dispuestas a sostener la incertidumbre juntas y suficiente papel para empezar. El resto surgió por sí solo.
Material preparado por Olha Oltarzhevska






