Cada día dejamos cientos de huellas en internet a las que casi nunca volvemos a prestar atención, aunque hace tiempo que otras personas las observan con detenimiento. Esta reflexión fue el punto de partida de Click. Create. Contribute., un intercambio juvenil celebrado en Letonia, donde un grupo de siete participantes de España compartió nueve días con jóvenes de distintos países. Juntos exploraron cómo se crea la información, quién la consume y qué ocurre con ella después.

El propio nombre del proyecto funciona como una hoja de ruta: primero haces clic y consumes contenido, después creas algo propio y, finalmente, puedes aportar algo al espacio compartido. Los talleres siguieron precisamente este orden. Los participantes hablaron sobre noticias falsas, huella digital y privacidad en internet, trabajaron técnicas de narración y creación de contenidos y experimentaron con el uso creativo y responsable de la inteligencia artificial.

Para Daniel, el principal descubrimiento fue comprender que, entre desplazarse por una pantalla y crear contenido, existe un paso fundamental: preguntarse de dónde procede toda esa información. Aprendió nuevas formas de producir contenidos y comunicarse en internet y, por primera vez, se detuvo a reflexionar sobre el origen de ese flujo interminable de publicaciones. Valoró especialmente los ejercicios prácticos, en los que las habilidades se intercambiaban como si fueran una moneda y cada persona podía observar cómo los demás daban nuevos usos a sus ideas.

Albert vivió este proceso desde otra perspectiva, ya que tuvo que explicar a otras personas cuestiones relacionadas con las competencias digitales y la ciberseguridad. Quien acaba de aprender a protegerse en internet puede convertirse rápidamente en alguien a quien los demás acuden en busca de consejos, y Albert asumió este papel con evidente entusiasmo: «Disfruté muchísimo de estos talleres, porque me permitieron dominar herramientas técnicas importantes y aprender a sentirme seguro en internet. Ayudar a otras personas a desenvolverse en el mundo digital y ver cómo aumentaba su confianza fue muy gratificante». Según explica, trabajar en un equipo internacional cambió su manera de entender la colaboración y el impacto que una persona puede tener en una comunidad.

Nicolau señala que el entorno intercultural transformó su perspectiva desde el primer día. Regresó con conocimientos prácticos sobre cómo convertir ideas abstractas en iniciativas estructuradas y con una mayor experiencia en liderazgo de equipos. Destaca especialmente su trabajo con la inteligencia artificial: «Explorar la inteligencia artificial como una compañera creativa cambió por completo mi manera de abordar la creación de contenidos, y aprender a utilizarla de forma ética y estratégica mejoró tanto mi proceso de trabajo como mis habilidades narrativas». Lo que más le impresionó fue el sentimiento de comunidad, ya que intercambiar ideas con personas de diferentes orígenes dio lugar a nuevas propuestas y vínculos que espera mantener en el futuro.

Elsa asumió el liderazgo del equipo. Llegó con muchas ganas de aprender y regresó con una visión completamente nueva de las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial. Le sorprendió especialmente la variedad de aplicaciones de estas herramientas, capaces de ayudar a desarrollar ideas y llevarlas mucho más lejos. Sin embargo, para Elsa, lo más valioso de la experiencia estuvo en las relaciones humanas: «Quizás lo mejor de esta experiencia fue compartirla con otras personas. Conocí a gente increíble, intercambiamos ideas, aprendí de sus experiencias y nos hicimos tan buenos amigos que espero que estas relaciones duren mucho tiempo». Compartir el día a día con personas de otras culturas, explica, amplió su visión del mundo y le permitió observar cosas familiares desde una perspectiva diferente.

Adrià resumió el proyecto desde dos perspectivas: la personal y la profesional. Aprendió mucho sobre inteligencia artificial, competencias digitales y las posibilidades de la tecnología para mejorar la vida cotidiana. Al mismo tiempo, sintió que había desarrollado su creatividad, sus habilidades comunicativas y su capacidad para adaptarse rápidamente a situaciones nuevas. Su reflexión incluye una idea que ayuda a entender por qué estos intercambios son importantes incluso cuando los temas que se trabajan son principalmente técnicos: «Cuando estás rodeado de personas con perspectivas diferentes, aprendes sobre inteligencia artificial, sobre ti mismo y sobre el mundo que te rodea».

Ruth prefirió expresarlo con pocas palabras, con esa brevedad de quien tiene muy claro qué es lo que realmente importa. Para ella, Erasmus fue una oportunidad para conocer nuevas personas, descubrir nuevos lugares y acumular recuerdos que permanecerán mucho después de deshacer las maletas: «Me llevo a casa innumerables recuerdos, nuevas amistades y aprendizajes que van mucho más allá del ámbito académico. Es una experiencia que recomendaría a todo el mundo y que repetiría sin dudarlo».

Por cierto, durante el proyecto Daniel grabó varios Reels. Ahora circulan por la misma plataforma sobre la que los participantes debatieron durante nueve días acerca de la seguridad y la responsabilidad digital. Quizás esta sea la mejor manera de resumir la experiencia: las huellas digitales que dejamos de forma consciente rara vez se parecen a las que aparecen por accidente.

Gracias a Daniel, Albert, Nicolau, Elsa, Adrià y Ruth por compartir sus impresiones.

Artículo elaborado por Olha Oltarzhevska, Fundació Catalunya Voluntària.