Manar, voluntaria local de la Fundació Catalunya Voluntària, comparte su experiencia durante su primera formación del Cuerpo Europeo de Solidaridad (CES). Una semana de descubrimientos, reflexiones y nuevas amistades que le ha permitido salir de su zona de confort y descubrir nuevas formas de crecer, tanto personal como profesionalmente.


Soy voluntaria local de la Fundació Catalunya Voluntària y graduada en Ciencias Políticas y de la Administración, con un máster en Integración Europea y otro en Diplomacia y Relaciones Internacionales. Vivo cerca de Barcelona y, durante mi voluntariado, quiero seguir aprendiendo, adquirir nuevas habilidades y crecer tanto personal como profesionalmente. Como voluntaria de la FCV, me gustaría compartir con vosotros mi experiencia durante mi primera formación del Cuerpo Europeo de Solidaridad (CES), una semana llena de aprendizajes, reflexiones y nuevas amistades.

Si no sabéis en qué consiste la formación inicial del voluntariado, se trata de una formación dirigida a voluntarios de larga duración. Aunque ninguno de nosotros sabía exactamente qué nos esperaba, ahora entiendo mejor por qué es tan importante. Antes de comenzar un voluntariado, necesitamos comprender conceptos clave como la solidaridad, el aprendizaje intercultural y la gestión de conflictos. Ser voluntario no consiste únicamente en ayudar a los demás, sino también en aprender a escuchar, convivir y construir algo juntos.

Pero lo más importante de esta semana fue que nos permitió reflexionar sobre nuestros objetivos, tanto dentro del CES como a nivel personal. Y sí, he hecho amigos a pesar de ser tan tímida, ¡y muy buenos amigos! Creamos un espacio donde pudimos compartir nuestras experiencias, expectativas e inquietudes. Me di cuenta de que el año que tenemos por delante es una oportunidad para crecer y que, para dar lo mejor de nosotros mismos, también necesitamos dedicarnos tiempo para reflexionar y conocernos mejor.

Antes de la formación, tenía claros mis objetivos de aprendizaje: quería aprender a gestionar proyectos y seguir desarrollándome profesionalmente después del CES. Sin embargo, ahora sé que me espera mucho más. No somos solo nuestro trabajo o nuestros objetivos profesionales. También debemos preguntarnos qué nos queda por aprender y qué podemos descubrir a través de otras personas. En mi caso, me di cuenta de que quiero aprender mil idiomas, conocer mil culturas diferentes de la mía y seguir desarrollando nuevas habilidades para convertirme en la mejor versión de mí misma.

Creo que esta es una de las cosas más valiosas que ofrece el CES: la posibilidad de crecer de maneras que ni siquiera imaginábamos.

La realidad que viví durante esta semana fue muy diferente de lo que esperaba. Sé que no siempre es fácil encajar, especialmente en otro país, y por eso elegí hacer un voluntariado local: me costaba salir de mi zona de confort. Aunque estoy encantada con mi equipo de trabajo, ahora entiendo que muchas veces es precisamente fuera de nuestra zona de confort donde más aprendemos. Conocer a personas con experiencias diferentes, escuchar sus historias y cuestionar nuestras propias ideas nos permite descubrir realidades que quizás nunca habríamos conocido de otra manera. Así que, a mi yo del futuro, le diría que salga más de su zona de confort, que viaje, conozca gente nueva y aproveche todas las oportunidades que se le presenten.

En cuanto a las actividades, creo que estaban muy bien planteadas y fueron realmente enriquecedoras. Para empezar, las dinámicas para romper el hielo (icebreakers) fueron mucho más importantes de lo que esperaba. Estas actividades nos permitieron conocernos en un entorno seguro y relajado, sin la presión de tener que hacer amigos inmediatamente. Descubrir pequeños detalles, como la rutina de alguien en Barcelona o su comida favorita, puede parecer insignificante, pero ayuda a crear vínculos muy especiales. Para alguien tan tímida como yo, contar con este espacio inicial fue fundamental para sentirme cómoda y participar durante toda la semana.

Una de mis partes favoritas fueron los debates sobre conceptos clave como la solidaridad. A veces pensamos que todo el mundo entiende estas palabras de la misma manera, pero, cuando compartimos nuestras opiniones, descubrimos que cada persona las interpreta según sus experiencias, valores y contexto. Estas conversaciones me hicieron reflexionar sobre qué significa realmente ser solidario. ¿Consiste simplemente en ayudar a alguien o también en escuchar, comprender sus necesidades y trabajar conjuntamente? Me quedé con la idea de que el voluntariado no consiste en creer que siempre sabemos qué es lo mejor para los demás, sino en aprender unos de otros y construir juntos.

También destacaría la charla de una antigua voluntaria que se quedó a trabajar en Barcelona después de su experiencia. Escuchar su historia fue muy enriquecedor, porque nos permitió ver cómo el CES puede convertirse en el punto de partida de nuevas oportunidades, tanto personales como profesionales. Muchos nos hemos preguntado alguna vez: ¿Y después del CES, qué? Su experiencia nos animó a pensar en nuestro futuro y a entender que no es necesario tenerlo todo decidido desde el principio. A veces, basta con estar abiertos a las oportunidades que puedan surgir.

En definitiva, esta formación me ha ayudado a comprender que el Cuerpo Europeo de Solidaridad es mucho más que un programa de voluntariado. Es una oportunidad para aprender sobre la solidaridad a través de experiencias reales, conocer a personas con perspectivas diferentes, desarrollar nuevas habilidades y cuestionar nuestra manera de ver el mundo.