Hace exactamente una semana terminó el proyecto, y ahora toca volver a la rutina barcelonesa. Pero ¿cómo volver cuando la cabeza sigue llena de aromas sicilianos, conversaciones ruidosas que duraban hasta altas horas de la noche y la sensación de haber encajado una pieza importante del rompecabezas? ¿Y cuando en algún rincón del subconsciente aún resuena una mezcla de árabe, francés e italiano, mientras en los dedos quedan restos de pegamento de mosaico? Para no caer en un bajón de dopamina después de una semana así, decidimos con los participantes detenernos primero y reflexionar. Resultó que quedarse en silencio no era una opción para nadie.
Del 22 de febrero al 2 de marzo Palermo acogió el intercambio juvenil internacional “Let’s Tassellate!” dentro del programa Erasmus+, organizado por HRYO. El nombre hace referencia a la teselación, una técnica en la que los fragmentos encajan perfectamente sin dejar huecos. Así era también el propio grupo: jóvenes de España, Francia, Italia, Macedonia del Norte, Marruecos y Turquía que durante una semana exploraron juntos temas de igualdad, inclusión e interseccionalidad.
El programa estaba diseñado para que la conversación no se quedara en algo abstracto o aburrido. Cada mañana comenzaba con debates en formato World Café, donde los temas surgían de historias personales reales, seguidos de talleres y reflexiones en grupo que finalmente se materializaban en objetos artísticos colectivos creados con materiales reciclados. Los mosaicos y collages no fueron un simple cierre decorativo de la semana, sino una forma de expresar lo que no cabía del todo en palabras durante las conversaciones. Los participantes trabajaron en equipos internacionales, y la presentación final de las obras se convirtió en una especie de momento de “conectar los puntos” entre todo lo que se había hablado antes.
Por cierto, varios participantes del equipo español ya han compartido sus impresiones.
Daniil Luzan escribió con franqueza:
“Taking part in the Erasmus+ project ‘Let’s Tassellate’ was by far the best decision I could have made for my vacation. I feel incredibly grateful to carry home so many new experiences, memories, and connections.”
También señaló que la diversidad del grupo se convirtió en una representación viva del tema del proyecto: representantes de ocho países con contextos culturales distintos hablaban de inclusión y la practicaban cada día en el espacio compartido.
Mariia Petrenko, que ella misma está viviendo un proceso de integración en la sociedad española, habla de la experiencia desde otra perspectiva:
“The dialogue I managed to settle during the activity hours and after with all the amazing people who came there definitely left a mark on me. It helped me understand not only the broader challenges many societies face, but also the deeply personal struggles that individuals carry with them.”
Para ella, el proyecto se convirtió inesperadamente en una nueva forma de mirar su propia realidad. A través de las conversaciones con participantes de distintos países vio la cultura española desde otro ángulo, lo que describe perfectamente la mecánica de estos intercambios: viajas para observar a los demás y vuelves con una nueva mirada sobre ti mismo.
Otro punto importante en el mapa de la semana fue Terra Franca, un terreno que en el pasado fue confiscado a la mafia y devuelto a la comunidad de Palermo. Hoy funciona allí un hub ecológico y social con proyectos de permacultura, iniciativas educativas y actividades de base comunitaria. Para los participantes, que acababan de pasar varios días hablando sobre cambios sociales y las luchas de distintas comunidades, el lugar se convirtió en un ejemplo vivo de que esos cambios realmente ocurren.
Si ahora estás leyendo esto y en algún lugar del fondo aparece el pensamiento “quizá yo también debería intentar participar en un intercambio juvenil Erasmus+”, probablemente valga la pena.
Gracias a Daniil y Mariia por sus comentarios
Material preparado por Olha Oltarzhevska



