Ocho mil kilómetros.
Cuatro países.
Diez días.
Un objetivo.
Del 13 al 22 de octubre de 2025, veinte jóvenes de Macedonia del Norte, Turquía, Rumanía y España se reunieron en Kayseri, Turquía para debatir cuestiones medioambientales y encontrar formas reales de abordarlas. Fue un intercambio juvenil del programa Erasmus+ dedicado a uno de los temas más urgentes de nuestra época: la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible.
El propio entorno del proyecto se convirtió en una metáfora de transformación. La universidad Abdullah Gül, clasificada entre las 900 mejores del mundo y entre las 10 mejores de Turquía, está ubicada en una antigua fábrica industrial. Donde antes rugían máquinas y humeaban chimeneas, ahora se gestan proyectos innovadores y nacen ideas sobre un futuro más verde. La arquitectura del edificio te recuerda al pasado, pero todo lo que ocurre en su interior pertenece al futuro.
La universidad sigue un nuevo modelo educativo. Estudiantes de todo el mundo, incluidos países africanos, llegan hasta allí. Se oyen decenas de idiomas en los pasillos y en la cafetería puedes acabar fácilmente en una mesa con personas de cinco continentes. Fue en este entorno donde comenzó nuestro viaje.
En el campus funciona la Youth Factory: un centro para iniciativas juveniles y educación no formal. Coordina proyectos Erasmus+ y programas del Cuerpo Europeo de Solidaridad. Simbólicamente, una antigua fábrica que una vez produjo bienes ahora produce ideas y cambio social.
Cuando aprender se convierte en diálogo
El primer día rompió todos los estereotipos de lo que debería parecer la educación. Sin clases monótonas, sin presentaciones interminables. En su lugar hubo discusiones en grupo, sesiones interactivas e intercambios de experiencias entre participantes de cuatro países.
Cada país trajo su propia perspectiva sobre los retos medioambientales. Los participantes rumanos hablaron sobre la gestión de residuos en su región, los macedonios compartieron ejemplos de iniciativas locales, los turcos presentaron programas medioambientales dirigidos desde la universidad y nuestro equipo español analizó enfoques de desarrollo sostenible en la costa mediterránea.
El programa giró en torno a conceptos clave de la política ambiental moderna:
- European Green Deal
- Objetivos de Desarrollo Sostenible
- Objetivos Europeos de la Juventud
Pero estos no eran términos abstractos de libro de texto. Exploramos mecanismos prácticos de implementación, identificamos puntos débiles y propusimos nuestras propias soluciones.
Uno de los momentos más valiosos fue un repaso histórico de la evolución del movimiento ambiental: desde las primeras iniciativas de base hasta el moderno Green Deal de la UE. Nos ayudó a ver que las estrategias actuales son el resultado de décadas de ensayo, error e incontables pequeñas victorias por parte de activistas de todo el mundo.
Una de mis experiencias más memorables fue dar una charla a estudiantes universitarios sobre las oportunidades que ofrece el Cuerpo Europeo de Solidaridad. Hablé de cómo el voluntariado abre puertas no solo al viaje sino al desarrollo de competencias que no se aprenden en un aula, y de cómo los proyectos internacionales cambian tu perspectiva y moldean la conciencia cívica. La respuesta de la audiencia mostró que este mensaje realmente conectó con los jóvenes.
El coordinador del proyecto, Bora, encarnó el equilibrio entre educación formal y no formal. Por el día imparte clases en la universidad y por la noche dirige intercambios juveniles. Su enfoque reforzó la idea de que el conocimiento académico y la experiencia práctica deben complementarse, no existir por separado.
Un amanecer capadocio que lo cambió todo
La parte educativa alternó con una profunda inmersión cultural. Probamos la cocina turca, aprendimos tradiciones locales y compartimos aspectos de nuestras propias culturas. Cada noche se sentía como un pequeño festival lleno de canciones e historias de cuatro países. Y luego ocurrió algo verdaderamente mágico.
El momento culminante del proyecto fue nuestro viaje a la Capadocia. Incluso ahora, mientras escribo estas líneas, aún se me eriza la piel. Imagínatelo: saludamos al amanecer entre las formaciones rocosas de la región, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estos paisajes, esculpidos durante miles de años, cobraron vida cuando decenas de globos aerostáticos ascendieron lentamente en el cielo matinal.
En ese momento, todas nuestras discusiones medioambientales se volvieron tangibles. Ya no eran metas abstractas de sostenibilidad de documentos de la UE: eran sobre la belleza real que debe ser protegida, sobre espacios que existieron mucho antes que nosotros y deben seguir existiendo mucho después.
Exploramos antiguas ciudades trogloditas talladas en las rocas hace siglos, caminamos por senderos donde la naturaleza revelaba tanto su fuerza como su fragilidad. Cada piedra y cada acantilado parecían susurrar un recordatorio de lo preciosas que son las cosas que damos por sentadas.
Juntos diseñamos iniciativas locales, intercambiamos contactos de organizaciones medioambientales y construimos redes para futuras colaboraciones.
¿Qué sigue ahora: un punto final o una elipsis?
Cada participante mostró un compromiso genuino, curiosidad y disposición para actuar. Sí, era una comunidad unida por un valor compartido: cuidar el planeta. Al final nos convertimos todos un poco más en la versión de Greta Thunberg y recibimos certificados Youthpass que confirmaban las competencias que adquirimos mediante el aprendizaje no formal. Pero más importante que cualquier documento fueron las conexiones, las experiencias y la comprensión de que el cambio es posible cuando personas de diferentes países trabajan juntos.
Cada uno de nosotros llegó a Kayseri con nuestras propias ideas sobre ecología, educación y cooperación. Nos fuimos transformados: con perspectivas más amplias, nuevos contactos en cuatro países y planes concretos de acción.
Erasmus+ ofrece algo que la educación tradicional no puede: la oportunidad de aprender a través de la interacción real, a través del encuentro de perspectivas, a través de la inmersión en otra cultura. La universidad Abdullah Gül – antes una fábrica – se convirtió en un espacio donde las ideas tomaron forma, la teoría encontró la práctica y el conocimiento se transformó en acción.
¿Qué viene ahora? El proyecto ha terminado, pero su impacto sigue desplegándose. Porque la verdadera educación no termina el último día de un programa, continúa en cada acción, en cada decisión, en cada elección que hacemos cuando volvemos a casa.










