La vida es un conjunto de ritos de paso

Hay algo que dejó sumergirme en el viaje al Reino Unido para cursar un proyecto de ritos de paso. El lugar en cuestión está cerca de Gales, entre Stroud y Gloucester (pronunciado como Glouster), llamado ‘Asha Centre’.

Al principio de todo, de mucho antes de qué pusiera mis pies en Asha, estaba delante mía la oportunidad de realizar algún voluntariado por Europa y al ver las diferentes opciones… te encontró a ti. La conexión de tiempo y espacio en esta vida hicieron que pudiera experimentar la vivencia de un proyecto tan grande que aún no encuentro forma de describir. Va más allá de las palabras.

Sé dice, y comparto, que las religiones creadas por el ser humano vienen a sosegar las preguntas fundamentales y existenciales de la vida y la muerte. No es menos cierto eso, pero aún es más verdadero cuando uno lo puede comprobar en su saco de piel y huesos.

Voy cuestionándome y sintiendo que es esto de la vida y siempre voy a parar al gran campo de las religiones. Sobre todo, estos últimos años, entre cumplida la treintena y viendo un poco de qué va esto de hacerse adulto, la vida me sacude por una calle y por otra. Si además le añado unas vueltas de capitalismo llegando a su colapso de sistema, me encuentro buscando un recoveco y asilo en la filosofía y religión para preguntarme. ¿Qué carajo va esto de vivir? Nací hace unos años, voy creciendo, voy pasando etapas… Eso escucho, voy pasando etapas, vamos pasando etapas… No sé cuándo empieza una cosa y cuando acaba la dichosa.

Ese punto es el qué me dio a sentir un vínculo con el taller de rituales y ritos de paso. Mi conciencia rellenó el formulario y a las pocas semanas ya estaba comprando los billetes hacia Reino Unido.

En ese lapso de tiempo, vi que ya en sí, era un ritual lo que estaba realizando. Daba gracias a la vida por una oportunidad, empezaba un viaje emocional interno donde luchaba mi ego y mi cuerpo para desentrañar de qué iría exactamente ese curso. Sabía poco, pero me era suficiente para saber que quería pasar por ese rito de paso.

La llegada a Glouster fue tranquila y bienvenida por parte del personal de Asha, dos personas que trabajan y realizan voluntariado allá. Esa pequeña bienvenida con el cartel del centro en sus manos sería la antesala para una velada al atardecer en la gran casa.

Además, el momento de encontrar a más voluntariados en Glouster, se disparaba una llama de fuego purificador para aquellas conciencias que dudaban en la potencia de este taller. Todo el mal karma se iba diluyendo al ritmo de la lluvia de la región de Gloucestershire.

«No os conozco, pero tenemos más cosas en común que diferencias». Esa misma sensación tuve al llegar al hogar Asha. No hay otro nombre, es un hogar, independientemente de donde sea, la sensación es de sentir los brazos de mi madre al nacer dándome un amor incondicional de festejar la vida como una oportunidad y la libertad de crecer como ser humano al unísono del resto de seres sintientes de este universo.

La bienvenida en una especie de gran casa tipo mansión victoriana, era alucinante. Eso era solo una muestra del sitio. Además, pequeños habitáculos salido de un cuento de hadas con toques victorianos y medievales era digno de ver. Durmiendo en delicadas y exquisitas camas con adornos de mobiliario centenario, no podía ser de otra manera que una gama de sueños bendiciendo la vida durante esos días. A la noche, a la llegada hubo poca luz, pero suficiente para ver que no estaba soñando y que parte del escenario aún estaba por ser vislumbrado. Aún había parte del telón por ver…

Durante el día, al salir al exterior, los ojos no daban más de sí, el olfato estaba totalmente colapsado, el enraizamiento corporal era como el de los árboles plantados por los druidas de Glouster. Todos mis sentidos estaban en el Edén, en la tierra prometida, donde pasaba Tolkien sus veranos para escribir el Señor de los anillos.

A parte, entendí lo que era un jardín terapéutico, aquello que tenían tan bien cuidado delante de mí ser no tenía ni tiene palabras. La belleza incluso ardía y me daba sofocos al no poder contenerla en mi presencia. Tuve que cerrar los ojos y respirar «aquí» y «ahora» para sentir la realidad tan bella que me envolvía. En momentos de descanso durante el taller me sentaba en un banquito, al lado de algunas flores que estaban creciendo para simplemente dejar pasar la tarde. Sentía, luego venía una comunión con el jardín, el jardín conmigo y con todo el universo. Era una sensación que va más allá del ego. Como se dice, siéntate y siéntete.

Los jardines son todo un mundo por explorar. Aquellos que les guste no se creerán lo que tienen delante y a los que no les guste, muchos podrán permitirse simplemente estar allí y sentir lo que el jardín les sugiere.

Entre zona y zona de jardines, hay una casa del hobbit, riachuelos, puentes de madera, laberinto espiral, frases escritas en madera para reflexionar desde grandes escritores, pasando por guías espirituales. En sí mismo, es todo un macro y miro ecosistema dado que, en un pequeño trozo de terreno, si uno pone los ojos se dará cuenta que hormigas, gusanos, plantas viven y se organizan para sentir y dar acción a la vida.

En el transcurso de los talleres fui viendo las dinámicas que se iban creando como grupo y la interdependencia de cualquier cosa. El símil de que somos como un multi-organismo, donde cada uno de nosotros formamos una pequeña esencia del ser en su conjunto. Una emoción que sentía, el compañero la recibe y la transmite a los demás. El espacio creado era propicio y daba la bienvenida a dejarse sentir y expresar.

La parte de apertura emocional y sentirse es fundamental para este taller, ya que todo lo que expresamos ya sea mediante artilugios, mediante expresión corporal y palabras va más allá del lenguaje que tenemos, que al fin y al cabo limita el espacio tiempo continuo que percibimos y por ende, vivimos. Podemos racionalizar la conducta, pero la sensación emocional nace mucho antes.

Se organizó talleres para crear rituales para llevarlos fuera, es decir, a nuestro día a día. Por ejemplo, ritual para agradecer los alimentos en cada comida, rituales para empezar y acabar el día, ya sea con cualquier comunidad a la que pertenecemos (amigos, familia, compañeros de hobbies). Quiero añadir que esto una vez lo pones en práctica, se nota la presencia en la atmosfera del grupo ya que se crea como un espacio de respeto (espacio sagrado) donde se le da un sentido, digamos simbólico, del acontecimiento que se está iniciando. Luego, al acabar, se concluye. Veo importante la palabra consciencia, somos conscientes de que algo empieza y acaba. Es algo muy natural y que viene escrito a fuego en el ritmo de la vida. Todo fenómeno empieza y acaba.

Además, se puso énfasis en los espacios sagrados. Como construir un espacio para uno mismo o un grupo y darle importancia. Esto fue impartido por Marc, un gran entendido en religión y ritos. El punto es tener una zona en principio física donde pase lo que pase, saber que en ese sitio me siento protegido y puedo dejarme sentir.

En general, la mayoría de los talleres fueron dados por Eli, conocedora de muchos campos de artes, expresión, danza, cuenta cuentos, teatro, rito, ritual. Ella gestionaba muy bien los tiempos de dejar sentir al grupo, descansos, clases impartidas mediante educación no convencional, usando técnicas de teatro.

Exploramos y estudiamos la importancia del rito de una etapa a otra, por ejemplo, al acabar secundaria, el comienzo de la universidad, el periodo menstrual de la mujer. Estos ejemplos en el mundo actual apenas se les da valor y nos podemos sentir poco conectados con la vida. El hecho de dar un significado a estos acontecimientos hace que podamos dar valor a nuestro día a día.

La base de saber un poco como hacían nuestros ancestros hace que podamos ver donde encajan los ritos y rituales en la vida moderna. Justamente, a través de los talleres he podido ver algo de luz en la opacidad de mi vida ante el colapso mundial y capitalista que destaca el individualismo sobre lo grupal y falta de conexión y fraternidad entre los seres del mundo.

Siento que tiene mucho sentido algo que se va perdiendo y que este curso me da herramientas para sentirme unido con la vida, un poco más. Curso vivencial más que teórico. Soy capaz de definir a que comunidades pertenezco, que metodología seguir para crear juntos los demás ritos de paso o ritual y hermanarme con ellos.

La vida es un conjunto de ritos de paso y dentro de ellos hay rituales. El ritual de la valoración acaba aquí.

Dani.

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