Rompiendo estereotipos durante mi voluntariado europeo en Rumanía

Dado que llevo ya tres meses en Rumanía, mis impresiones no son muy novedosas, pero en líneas generales mis pensamientos han sido estos: tenemos muchos prejuicios infundados sobre este país, los cuales no se sostienen: la gente por lo general es amable, el país es seguro y tiene una cultura fascinante. En líneas generales, se puede decir que, de momento, mi experiencia de voluntariado está siendo muy satisfactoria.

Aunque es más o menos fácil darse cuenta de que el sistema educativo aquí tiene problemas bastante serios, el trabajo como voluntario en la escuela es muy gratificante y los alumnos -que no parecen muy acostumbrados a novedades- valoran mucho nuestra presencia aquí. Depende mucho del proyecto en el que se embarque cada uno, pero yo creo que la experiencia de vivir un voluntariado europeo merece la pena con creces y te permite conocer a gente y ver lugares que de otro modo sería sencillamente imposible. Sobre todo -y esto va a sonar super obvio- porque vivir una temporada prolongada en un país no tiene nada que ver con visitarlo de turismo y el conocimiento que obtienes de él me parece algo verdaderamente valioso a nivel personal. Yo lo recomiendo encarecidamente a todo el mundo y de hecho ya le he comentado a algunos de mis amigos que deberían hacerlo.

Respecto a anécdotas divertidas, he de confesar que al poco de llegar me advirtieron del frío extremo que hace en invierno y que me andase con cuidado, cosa de la que yo pasé bastante. Cuando en una fresca mañana de enero me di cuenta de que literalmente se me había CONGELADO el pelo esperando el bus, empecé a prestarle más atención a la infinita sabiduría de los locales. También nos advirtieron, porque está escrito en el contrato que firmamos al llegar, que nos andemos con ojo si nos vamos de paseo por el monte. El motivo es que resulta que te puedes encontrar un oso, ya que Rumanía es de los pocos países europeos que aún cuentan con un número importante de ellos en su territorio. Hace cosa de un mes un señor de por aquí me dijo que él conocía ya un par de casos de gente que había muerto a las manos (o mejor dicho a las garras) de un oso. Sin embargo también insistió en que el hospital local era más peligroso que eso, así que no tengo muy claro qué pensar al respecto. Este es un país curioso.

Miguel Arroyo – Participante de un proyecto de voluntariado europeo en Rumanía