Lluc Martí habla del programa IEMed de Movilitat «A matter of trust»

“Deberíamos explorar otras maneras de participar basadas en la educación no formal, en la participación activa y en las nuevas tecnologías” – ¡descubre las reflexiones de Lluc Martí sobre «A Matter of Trust»: Programa IEMed de Movilidad!

En la edición de Mayo del boletín mensual de la Red Española de la Fundación Anna Lindh, tenemos el placer de contar con Lluc Martí, miembro de la Fundació Catalunya Voluntària.

Lluc Martí es coordinador de programas, gestor de proyectos y formador en la Fundación Cataluña Voluntaria-FCV, es también responsable del programa ‘Voluntariat Actiu’ y ‘Clam per la Pau’. Además, es licenciado en derecho por la Universidad de Barcelona.Comenzó a ser voluntario a la edad 11 años y ha estado involucrado en los ámbitos del voluntariado, de la educación no reglada y del aprendizaje intercultural desde el año 2000.

Martí fue uno de los facilitadores de la Fundació que participaron en «A Matter of Trust» (Una Cuestión de Confianza), el segundo proyecto del Programa de Movilidad «A Matter of Trust». Este proyecto se celebró en la localidad andaluza de Jerez de la Frontera entre el 11 y el 15 de Abril y corrió a cargo de la Asociación Juvenil Inter. En esta entrevista, Lluc Martí nos explica sus ideas sobre la iniciativa.

El objetivo principal del proyecto «A Matter of Trust» es “crear un puente de confianza entre los jóvenes y la política”. Para Lluc Martí, ¿qué papel juega esta “confianza” en la construcción de una ciudadanía activa y responsable?

Confiar en los políticos y en quien nos representa es básico, de ahí que la falta de confianza en la clase política, ya sea por los casos de corrupción o por cualquier otra razón, como las puertas giratorias, afecta negativamente a la participación de la gente en la política y, en consecuencia, empeora la calidad de nuestra democracia. Los representantes políticos han de ser un ejemplo no (solo) por su capacidad de comunicar o de gestionar recursos públicos con un mínimo de sentido común, sino también por sus valores cívicos lo que, en mi opinión, exige el tener una mentalidad abierta, priorizar el interés general ante el partidista, pensar a largo plazo y también, respetar al adversario, para poder llegar a acuerdos con él. Tanto la corrupción como la incapacidad de ponerse de acuerdo (de, incluso, comunicarse) entre políticos no ayuda a que la gente se sienta cómoda ni confiada. En Jerez aprendí, por ejemplo, que en Estonia llevan casi 20 años gobernando distintos partidos siempre en coalición, cuando, en cambio, aquí, a nivel estatal, en 40 años no ha habido ni un solo gobierno de coalición ( lo que sí ha ocurrido, en cambio, en los gobiernos autonómicos). Si un político es corrupto o incumple la ley es su responsabilidad, pero si, a pesar de que ello se demuestre, mucha gente le sigue votando, ya no es sólo su responsabilidad, sino también de todas aquellas personas que le votan.

En cualquier caso, el sistema democrático actual, que consiste en pedirnos la confianza mediante el voto cada X tiempo, no creo que sea suficiente para construir esta confianza tan necesaria, sino que deberíamos explorar otras maneras de participar basadas en la educación no formal, en la participación activa y en las nuevas tecnologías, para que todo el mundo pueda sentirse parte.

¿Podrías explicar a los lectores de la ReFAL cómo fue tu participación en el proyecto?

Fue muy interesante entrar en un instituto y dedicar dos mañanas al diálogo y al intercambio con los estudiantes, para conocer su opinión y preocupaciones sobre temas que realmente les interesan. Me llamó mucho la atención que chicos y chicas de 16, 17 años propusieran, en lugar de disminuir la edad de voto a los 16 (como ocurre en otros países), aumentarla hasta los 20. Ello se debe tanto a la falta de información sobre cómo participar como a la falta de oportunidades para participar y, la verdad, debería preocuparnos. Pensar que hay que esperar a los 18 años para participar en política ya en sí es contradictorio con toda la normativa que existe sobre los derechos de la infancia y de la juventud, basados en escuchar sus opiniones, responder a sus necesidades y capacitarles para tomar decisiones propias. La buena noticia es que les interesa bastante hablar sobre estos temas, la mala noticia es que muchos estudiantes se encuentran perdidos.

«A Matter of Trust» da un repaso a distintas formas de gobierno instauradas en el pasado reciente de los cuatro países involucrados: autocracia, franquismo, comunismo y fascismo. ¿Qué herramientas crees tú que hemos de poner en marcha desde la sociedad civil para forjar una conciencia social y responsable con la historia reciente de nuestros pueblos? 

Hay diversas iniciativas de diálogo intergeneracional e intercultural, basadas en el intercambio de experiencias entre personas, que sirven para conocer y aprender del pasado y para evitar caer en los mismos errores. Recuerdo que en secundaria el profesor de historia nos dio la tarea de entrevistar a nuestros abuelos para hacer un relato de la guerra civil, y ello me sirvió más que cualquier otra actividad, no solo para conocer la historia, sino para conocer mi historia, la de mis dos abuelas y un abuelo y la de toda una época de tragedia. La diferencia está en que cada alumno/a pueda relacionar lo que se explica en clase con su realidad, con su experiencia, inquietudes, capacidades, intereses. Lo mismo sirve para favorecer la participación en política de las personas jóvenes. Una metodología que se basa en el intercambio de conocimientos y experiencias entre personas con experiencias muy diversas, tiene mayor impacto no solo cognitivo sino también emocional, que cualquier metodología basada en la adquisición de mucha información.

¿Podríamos hablar de un déficit de confianza a escala mundial?

No sabría decir. Creo que los problemas vienen, de una parte, del descrédito de la democracia por, un lado, la influencia que tienen organismos que no han sido elegidos democráticamente, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Central Europeo y, por otro lado, por considerar mucha gente que los representantes no ejercitan el poder que tienen a causa de grupos de interés, que no actúan motivados por el interés general sino que se dedican a marcar las acciones de los gobiernos elegidos democráticamente. Entiendo que exista cierta apatía a causa del descrédito y la desconfianza, pero, por otra parte, creo que existe cierta actitud de víctima, pasiva, que se limita a culpar, criticar, en lugar de a actuar, cuando, al final, las acciones de cada persona también construyen un sistema democrático.

En general, ¿cuál es tu valoración global del proyecto? ¿Repetirías la experiencia?

Sin duda.

Valoro de forma muy positiva el encuentro. Pude ver cómo los estudiantes mantenían toda su atención al tener la oportunidad de reflexionar y de discutir sobre temas que les interesan, de manera participativa y entretenida, algo que, por cierto, no parecían estar muy acostumbrados en hacer.

Proyectos como éste son útiles para conocer nuevas perspectivas y para aprender gracias a los conocimientos de otras personas más allá del/la profesor/a, incluyendo a los propios alumnos. En este caso, gracias a jóvenes que son políticos y que han sido votados y elegidos en sus países, todos han podido conocer cómo funcionan otros sistemas.

Los alumnos están pidiendo más práctica y menos teoría y, en mi opinión, necesitan percibir que el sistema educativo se preocupa por ellos.

Me dio mucha pena comprobar que los insultos y el acoso escolar existe en las escuelas y no alcanzo a entender cómo existe un profesor en éste país que pueda dar una clase si hay una (o más de una) persona en dicha clase con miedo a un compañero/a. Si yo fuera profesor, primero intentaría resolver ese problema y, luego, podría dar clases. Por cierto ¿alguien puede explicarme por qué razón no se implementa en España el sistema que en Finlandia prácticamente ha acabado con el grave problema del acoso escolar?.