Mi experiencia de voluntariado en Bulgaria

Recuerdo lo nervioso y asustado que estaba los días antes de venir a Bulgaria, pero en el fondo sabía que era algo que quería y que tenía que hacer. Bulgaria no es un destino conocido en España, por lo que me parecía misterioso y atractivo; no dudéis en visitarlo si tenéis la oportunidad.

El 5 de febrero, mi primer día allí, fue complicado: había sido un viaje muy largo y hacía un tiempo horrible cuando llegué a Sofía, estaba nevando y todo estaba helado. Llamé a mis padres desde el aeropuerto para decirles que todo estaba bien y quejarme de la meteorología. Después, fui a la estación de autobuses a coger uno a Blagoevgrad (la ciudad donde se desarrolla mi proyecto). En el metro de Sofía comencé a ver personas con mascarillas. «Están locos», pensé, nunca podría imaginar que la situación de Coronavirus enloquecería tanto. Una vez en la estación de autobuses, un hombre me estafó: fingió trabajar en el centro de información de la estación de autobuses, llevaba una acreditación y parecía un verdadero trabajador de la estació. Me ayudó a encontrar mi autobús, pero al final me pidió dinero y me siguió hasta que le di 5 Lev (2.5 €). “Esto es parte del aprendizaje informal del Cuerpo Europeo de Solidaridad (ESC)”, pensé.

Durante mi viaje de Sofía a Blagoevgrad, comencé a sentir el choque cultural, me sentí un poco asustado e incluso me pregunté: «¿Qué estoy haciendo aquí?». Cuando llegué a Blagoevgrad estaba nevando más fuerte que en Sofía y también estaba más oscuro. El primer voluntario al que conocí fue Adam. Al principio me costaba entender su acento irlandés, pero con el tiempo me acabé acostumbrando. Una hora después, llegaron los voluntarios de Francia e Italia, Enorah y Martyna, y comenzamos a hablar sobre nuestros largos viajes. Era la primera vez que compartía apartamento y habitación, y no estaba seguro de que vivir juntos fuera a ser fácil. Afortunadamente, tuve suerte con mis compañeros de piso y nos llevamos bien. Además, también conocimos a otros tres voluntarios: Konul, Yaroslava e Irakli, de Azerbaiyán, Ucrania y Georgia. Su programa es más largo que el nuestro, seis meses en vez de dos.

Los fines de semana viajamos a Sofía, Plovdiv y también a la capital de Macedonia del Norte, Skopje. Por desgracia, no pudimos ir a Grecia ni a otras ciudades búlgaras debido al coronavirus. Una de las mejores cosas de ESC es la posibilidad de viajar en los días libres y visitar países y ciudades que, aunque no son tan populares, son en realidad muy interesantes. Además de aprender sobre su historia, tradiciones y gastronomía, también puedes conocer gente local que te hace vivir una experiencia única.

En cuanto a Blagoevgrad, la primera impresión no fue la mejor. Es una ciudad pequeña (de unos 75,000 habitantes), pero tiene más vida de la que uno puede imaginar. Hay dos universidades, y una de ellas es un destino importante para estudiantes internacionales. Por lo tanto, puedes conocer a muchas personas que participan en el programa de estudios Erasmus +. También hay varios restaurantes, clubs y eventos para jóvenes. Una de las cosas que más llama la atención cuando visitas Blagoevgrad es la cantidad de perros callejeros que hay por la ciudad y que te siguen a todas partes. Si te gusta el senderismo, hay una buena ruta hacia The Cross, una cruz cristiana en la cima de una montaña cercana. Si te eres más de correr, hay un camino hasta el bonito parque Bachinovo, aunque es mejor ir con cuidado, porque por la noche algunos perros de la calle pueden seguirte de una manera muy agresiva. Yo solamente me quedo 2 meses en Blagoevgrad, pero algunos de los voluntarios en proyectos de más largo plazo pueden sentir que la ciudad termina siendo demasiado pequeña. Sin embargo, siempre puedes ir un fin de semana a Sofía, que no está lejos en absoluto, a poco más de hora y media.

Trabajamos en la oficina 7 horas al día de lunes a viernes. Nuestro proyecto se llama ESCAPE (European Solidarity Corps Active Participation and Education), y el objetivo del proyecto es promover programas de movilidad internacional entre la juventud búlgara, aunque también es posible trabajar en otras actividades al aire libre en beneficio de la comunidad. Cada persona debe desarrollar su propio proyecto personal, debe ser algo que tenga un impacto positivo en la sociedad.

Martyna y yo decidimos desarrollar más el concepto y la idea de promover la movilidad y crear acciones específicas en vez de publicar proyectos en las redes sociales todo el día. La mayoría de gente no conoce estas oportunidades financiadas por la UE y pensamos que era necesario tener contacto directo con el grupo a quien van dirigidas. Por tanto, creamos una encuesta bilingüe en inglés y búlgaro para saber más sobre las motivaciones y los problemas que se encuentran los jóvenes búlgaros cuando piensan en unirse a un programa de movilidad internacional, para que podamos adaptar el material y el contenido de las reuniones a las dudas de los estudiantes. Creamos material informativo y carteles para promoción, y planeamos colocar algunos stands informativos en universidades y escuelas, y tener algunas reuniones con los estudiantes en las clases; pero el coronavirus llegó a nuestras vidas y todo cambió.

Cada semana organizamos un Chat Club, un evento que tiene lugar los jueves en un café local, y cada semana hablamos de diferentes temas. Los Chat Clubs habían sido anteriormente sobre las diferentes culturas y costumbres de las diferentes naciones de voluntarios, pero decidimos cambiar el formato del Chat Club y lo convertimos en un espacio de debate. Lo hicimos más interactivo y decidimos hablar sobre temas difíciles o tabú en Bulgaria, como la salud mental, drogas, educación, inmigración y derechos LGTBI, entre otros. Desafortunadamente, no pudimos organizarlos todos debido al Coronavirus.

Ahora estoy escribiendo este artículo desde nuestra casa, estamos en cuarentena y no podemos salir de la casa, a excepción de hacer algunas compras al supermercado. En Bulgaria, la situación del coronavirus no es nada mala (en estos momentos) si se compara con el resto de países europeos. Estamos tranquilos, pero con la inseguridad de no saber qué sucederá en los próximos días. En 20 días tengo que volver a España, y no sé si mi vuelo se cancelará, si el aeropuerto de Sofía se cerrará o si podré salir de Madrid y llegar a casa. Uno de los voluntarios recibió una llamada de su embajada para que se fuera y el vuelo de otro fue cancelado; incertidumbre es la palabra para describir la atmósfera actual. Por el momento, estamos escribiendo algunos artículos sobre diferentes temas y los publicaremos en las redes sociales. Todos los días tenemos reuniones por Skype en las que hablamos sobre el trabajo que vamos a hacer ese día.

No sé cuánto tiempo va a estar estancada la situación, pero en cualquier caso, os recomiendo que os unáis al Cuerpo Europeo de Solidaridad. Hay muchos proyectos en toda Europa, publicados en el Portal de la Juventud de la Comisión Europea y en algunos grupos de Facebook, se dividen en diferentes categorías como emprendimiento, desafíos sociales, educación, arte, y participación ciudadana y democrática, entre otros. Los costos de alojamiento, transporte y manutención son financiados por la Unión Europea: el dinero no puede ser una barrera para la participación.

Al final de la movilidad, recibiréis un Youthpass, que es un certificado de la Comisión Europea que certifica el aprendizaje informal recibido y el desarrollo de competencias tales como la comunicación en idiomas extranjeros, habilidades digitales, competencias sociales y cívicas, conciencia cultural, sentido de iniciativa y emprendimiento, o aprender a aprender.

Eduardo.

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