Breaking chains: LGBTQI+

He had plans but life happens

Time is as fleeting as a scent that throws you without warning.

What is written on our faces will eventually be realized?

When our wings melt, we fall pocketless into our graves.

He taught me the radio song

And asked me to sing it at his grave

Icarus, Mashrou Leila

 

La primavera es hermosa en todas partes, pero es más hermosa en el Líbano.

«Alas rotas» (1912), Gibran Jalil Gibran

El Oriente Próximo, es de aquellas tierras contemplativas, espirituales y místicas, las que encubren y ocultan grandes patrimonios, riquezas y fortunas inexploradas embargo incógnitas para muchos habitantes terrestres. El Próximo Oriente, es la natividad de una gran cultura, a la vez de una gran civilización que presentemente fluye de manera indirecto o directo en muchos países europeos, asiáticos, americanos y árabes. Titular la República Libanesa, es para incontables personas, una tierra mágica, singular, culta y con matices occidentales, curiosa y diversa a partes iguales. El Líbano, siempre han sido un país característico por el legado histórico que nos ha brindado siglo tras siglo, y que, hasta el día de hoy, no nos ha dejado de maravillar, chocar y golpear, recordándonos en todo momento que el mundo es plural, diverso, apoteósico e insólito.

Beirut, es de aquellas metrópolis a medio camino entre Europa, Asia y los Países de la Deidad monoteísta de Alá. Una ciudad notable, distinguida pero atípica. Una fusión en medio de oriente y occidente que no deja indiferente. Para comprender con entusiasmo y exultación esta excéntrica república, habrá que fundirse vivamente dentro de las humanidades culturales de su país, para respirar la belleza más preciada que nos puede brindar y ofrendar.

De manera flamante, no hará más de un quinquenio, cuatro jovenzuelos arquitectos beirutíes amantes de las personas de su mismo sexo crearon un grupo de música –Mashrou Leila- de tipo sentimental emotivo, conmovedor, enternecedor, afectivo y transgresor. Melodías y cantos profundos con aires amorosos y reivindicativos, despreciados y repudiados por la sociedad antiprogresista libanesa. Una carrera musical que entregó y obsequiar con regocijos y entusiasmos a un público ínfimo y raquítico pero existente, poco respetado y señalado. Permanentemente perseguidos por un gobierno enmascarado y anticuado con ganas de enajenar una imagen de contemporáneo y vanguardista, pero de una esencia anacrónica.

Una de las canciones más aclamadas de este joven grupo, es ‘Icarus’, un elegante canto inspirado con Ícaro, hijo del Dios Dédalo en la mitología griega. Por otra parte, esta triste melodía, insta a pensar en la obra ‘Dédalo e Ícaro’ de Frederick Leighton, novela homoerótica sobre jóvenes de la antigua Grecia y sus mentores adultos, con una trama sobrecogedora, refinada, grácil y distinguida pero sexual y morbosa. Obra intensa y conmovedora de principio a fin.

Mashrou Leila, es de aquellos grupos musicales singulares, únicos e inspiradores que surgen como mito para ayudar a la evolución social de ciertas naciones o patrias poco progresistas, pero con una esencia única, especial y latente.

El pasado es un prólogo

«Me gusta que la gente sea infeliz porque me gusta que tengan almas».

Virginia Woolf decía en muchísimas ocasiones que no puede haber una felicidad penetrante e intensa si no ha habido antes una profunda infelicidad.

La vida es un largo trayecto, pero, por momentos puede ser hacerse corto y emotivo o largo y pesado. Todo depende de cómo se viva, nuestra mirada hacia los hechos y la gestión personal que hacemos desde un punto de vista más bien introspectivo.

En la Fundación Catalunya Voluntaria, siempre hemos luchado por una igualdad, una tolerancia latente y perpetua. Una atmósfera abierta, inspiradora y como una oficina plural y rica en todos los aspectos culturales y humanos habidos y por haber.

Compartiremos hoy pues, un par de historias de personas integradoras de este equipo humano y su trayectoria, hasta ahora, en el siglo XXI, y de primera mano, cómo han vivido el formar parte de este colectivo, el cual, día tras día, es más visible y abierto.

‘No fue hasta el día en que salí de mi pueblo decidido a viajar que fui más consciente de que era totalmente normal, y donde miles de personas luchaban, al igual que yo, por la visibilidad y la lucha por los derechos fundamentales. ‘

Marc Orozco Garcia

Como muchas personas, me costó mucho expresar mis sentimientos. Una parte mía siempre había negado este sentimiento por el miedo a ser diferente o no encajar en una sociedad. Me sentía diferente, un poco fuera de lugar. Yo como miles de jóvenes también sufrió el típico ‘acoso escolar’ de escuela por ser ‘diferente’ donde por supuesto los niños no contemplaban las consecuencias que puede traer este tipo de discriminación.

No fue hasta el día, el que salí de mi pueblo decidido a viajar que fui más consciente de que era totalmente normal, y donde miles de personas luchaban, al igual que yo, por la visibilidad y la lucha por los derechos fundamentales. En este momento, salí de la burbuja que reinaba mi realidad, y descubrí un mundo mucho más amplio de lo que conocía, empecé a dejar atrás la homofobia interiorizada para empezar a entender aquella situación.

Conocer personas que estaban en la misma situación me ayudó a ser consciente de la realidad, pero sobre todo voy a aprender a respetar a mí mismo y ver con total normalidad lo que sentía.

En este preciso momento es cuando decidí que era momento de dar el paso, es decir, empecé a ser yo mismo.

He tenido momentos diversos, sobre todo en mi pueblo, discriminado por mi condición sexual donde terminó provocando en mí una homofobia interiorizada, pero gracias a la visibilidad del colectivo y a miles de personas que luchan por los derechos y libertades entendí la situación. Por este motivo considero muy importante la lucha contra la discriminación para que la causa de esta puede llevar a que una persona acabe repugnante por el simple hecho de serlo.

Creo en la sociedad, y en el avance de esta y creo que estamos yendo a un buen camino, pero todavía nos queda mucho por recorrer. Tengo la esperanza y creo en un mundo donde la discriminación sea del tipo que sea se acabará, porque en la sociedad no todo es negro o blanco, sino, una sociedad plural, heterogénea, diversa y respetuosa.

‘A lo largo del tiempo, las etiquetas han servido para dar nombre a colectivos, para dar voz, y la posibilidad de lucha. Han servido para apropiarse de palabras utilizadas como insulto, y apoderarse junto con personas que comparte experiencias y formas de entender la vida. Han servido como bandera de lucha. Y aunque son importantes. ‘

Ana Maria Gongadze Gogvadze

Una de las mayores dificultades que nos encontramos como seres humanos es romper los marcos de la realidad que conocemos. Empezar un camino de desaprendizaje de todo lo que nos han enseñado desde que nacimos.

Lo que está ‘bien’ y lo que está ‘mal’, son conceptos que varían tanto de persona a persona, que ya desde pequeña no lo podía aceptar. Recuerdo todas mis cosas, gemelas a las que tenía mi hermano, con una única diferencia: sus cosas eran azules, y las mias rosas. Y de esta manera tan simple, comenzó la batalla eterna que sigo teniendo hoy en día. Dudar de las etiquetas, de todo lo que es, simplemente, por qué no hemos pensado que puede ser diferente.

A lo largo del tiempo, las etiquetas han servido para dar nombre a colectivos, para dar voz, y la posibilidad de lucha. Han servido para apropiarse de palabras utilizadas como insulto, y apoderarse junto con personas que comparte experiencias y formas de entender la vida. Han servido como bandera de lucha. Y aunque son importantes.

Sin embargo, no debemos permitir que estas etiquetas se conviertan en cárceles. Las etiquetas se convierten en estereotipos, y los estereotipos son otra manera de no dudar de lo establecido, de lo que es, simplemente, por qué es. Debemos estar siempre en este camino de aceptación, de la libertad de dejar que las personas vivan su género, su sexualidad, y sus vínculos afectivos de la forma que crean más adecuada -siempre, obviamente, sin hacer daño a nadie.

La identidad, y la libertad de vivirla, comienza con la idea de que no existe una forma correcta de sentir, de amar, de relacionarse. Tenemos que llegar al punto de entender que, en temas de identidades, no existe ‘bien’ y ‘mal’: existe el de cada persona, y eso, es más que suficiente. El derecho a ser quienes somos.

‘Pasar olímpicamente de todo y crear mi propio mundo fue mi opción. Crear mi propia realidad e ignorar por completo lo que me rodeaba me hacía sentir cómodo, feliz y tranquilo. ‘

Marcel Bansells Vivet

No recuerdo en qué momento fui plenamente consciente de mi homosexualidad. Sé que a los siete años tenía claro que a mí las chicas no me gustaban y con esta idea fijo me quedé. A partir de entonces, si que muchos compañeros y sobre todo compañeras de clase me preguntaban si tenía novia o qué niñas me gustaban. Aunque no tener una palabra para definir mi sexualidad, era una realidad para mí, que yo novies no quería.

Cuando fui un adolescente, ‘acoso escolar’ no sufrí nunca, estudiaba en un instituto muy diverso, plural, progresista y no demasiado duro. Si nunca se habló de mí a las espaldas, puede ser sí, yo no soy consciente, y no me interesa, ‘agua que no has de beber, déjala correr’.

Si que recuerdo los años de bachillerato y las etapas previas a los años universitarios. Unos años duros a nivel personal, agotadores a nivel mental y que, si ahora recuerdo, me pongo nervioso. Poco a poco mi cerebro les ha ido eliminando o congelando, y allí se han quedado, en el subconsciente. Dudo que los vaya a buscar nunca más, es importante dejar correr los años, para que las palabras se las lleva el viento, al igual que los recuerdos.

Cuando estudié en Barcelona, ​​durante los años de formación universitaria, tenía en mente pasarlo bien, vivir en un ambiente abierto, disfrutar de la magia barcelonesa y no demasiado rural como el que me había rodeado anteriormente. Hoy, con casi treinta años, pienso que los peores años de mi vida fueron precisamente los años de estudiante en Barcelona porque sentía que yo no pertenecía a aquella ciudad, pero, de alguna manera, tampoco en mi pueblo.

Por esas cosas que tiene la vida, pude residir durante un año fuera de mi país, viviendo una experiencia mágica y fugaz en Polonia, un país considerado homófobo, uno de los más intolerantes de Europa. Pues bien, fue en este país, donde descubrí precisamente que mi malestar había sido debido a mis pensamientos, y que el noventa por ciento de mi inestabilidad emocional era fruto de mi poca responsabilidad como persona. Esto lo descubres cuando ya eres mayor y tienes más experiencia. La etapa de los veinte es difícil y extraña pero rica en su esencia por el aprendizaje que brinda a cada anécdota o vivencia.

Una de las mejores adquisiciones que me llevo de Polonia es la siguiente; la actitud es mucho mejor que la aptitud. Sí eres amable, los demás también lo serán contigo.

Respecto a la pregunta sobre la discriminación hacia el colectivo LGBT, lo único que puedo afirmar con contundencia es la subsecuente; por muchos activismos que se hagan, hay personas que son tanto limitadas intelectualmente que nunca entenderán nada, ni la diversidad sexual, ni una novela de Oscar Wilde.

¿Mis consejos? Son claros; casi todo el mundo puede estudiar una carrera universitaria, por lo tanto, tener una carrera no es un signo de inteligencia, pensar, razonar, entender, respetar, aceptar y analizar, eso sí es inteligencia. He llegado a la conclusión de que las personas, tengan la edad que tengan, y sea de donde sean, si son respetuosas, sobrepondrán las cualidades por encima de los defectos.

Respétate que te respeten, y vive y deja vivir.

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